• En el Día de la Enfermería, el INSN San Borja reconoce la labor de sus más de 680 profesionales de uniforme turquesa.

En el Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja, la recuperación de un niño con una enfermedad compleja no depende solo de tratamientos y procedimientos médicos. También está el acompañamiento de los profesionales de Enfermería, quienes cada día contienen, alivian el dolor, brindan tranquilidad y sostienen la esperanza de los pequeños pacientes y sus familias.
Son 683 profesionales de Enfermería, 50 de ellos varones, quienes desde los diferentes servicios del INSN San Borja ponen sus conocimientos, experiencia y, sobre todo, su vocación al servicio de los niños.

Bajo el lema “Corazón turquesa”, la directora general del INSN San Borja, Dra. Zulema Tomás Gonzales, destacó su entrega y compromiso. “Ustedes son las que representan esa humanización en salud. Son ángeles y luz para nuestros niños. Sus manos brindan atención especializada y su corazón se refleja todos los días en cada atención”, resaltó.
En el marco del Día de la Enfermería que se conmemora este 30 de agosto, el INSN San Borja reconoce a quienes han convertido esta profesión en una forma de acompañar historias de vida. Porque detrás de cada uniforme hay una persona que sostiene una mano, calma un miedo, acompaña a una familia y celebra, muchas veces en silencio, cada pequeño avance de un niño.
La música, una inesperada aliada.

En el Centro Quirúrgico, Elizabeth Pantoja Penadillo sabe que para un niño ingresar a una sala de operaciones puede significar miedo, separación de sus padres y enfrentarse a un lugar desconocido.

En sus 15 años de profesión, diez de ellos en el INSN San Borja, ha aprendido que cada detalle cuenta. Recuerda a una pequeña paciente con quemaduras que llegó muy nerviosa al quirófano. Antes de ingresar pidió escuchar su canción favorita. La música comenzó a sonar, la niña empezó a cantar, se relajó y finalmente se quedó dormida mientras recibía la anestesia.
Más allá de la anécdota, Elizabeth destaca la importancia de humanizar la atención: recibir a los niños con una sonrisa, llamarlos por su nombre, explicarles lo que ocurrirá y recurrir al juego, la conversación o la música para disminuir sus temores.

“Ser enfermera es estar cuando alguien tiene miedo, sostener su mano, escuchar y brindar tranquilidad cuando todo parece incierto”, sostiene.

Una medalla que se lleva en el alma.

En la UCI Pediátrica, donde cada jornada está marcada por la incertidumbre, Alejandro Vásquez Cárdenas, enfermero con 18 años de experiencia, 13 de ellos en el INSN San Borja, sabe que acompañar la recuperación de un niño es una de las mayores recompensas de su profesión.

“Cuando ayudas a recuperar a un niño en UCI es como recibir una medalla que te la colocan en el alma. Es una medalla que solo tú sientes”, afirma.

Recuerda especialmente a una pequeña paciente que logró superar la ventilación mecánica y que, durante su recuperación, llamaba “papá” a Alejandro y a sus colegas varones. También guarda en la memoria a otra niña que, al despertar de la sedación, pidió música y comenzó a bailar en su cama, todavía con el tubo endotraqueal.

“Fue algo que nos arrancó lágrimas. Verla así, después de todo lo que había pasado, fue una satisfacción enorme”, recuerda.

Alejandro también es docente de Enfermería Pediátrica y busca transmitir a las nuevas generaciones que el conocimiento debe ir acompañado de empatía, paciencia y humanización.
Una vocación que nació al ver cuidar a otros.

Para Yolanda Zulay Munayco Llanos, la vocación por la Enfermería nació en la infancia, cuando vio al personal de salud acudir a su casa para atender a su tío, quien había sufrido un accidente cerebrovascular. 

Hoy, con 16 años de experiencia y una década en el INSN San Borja, acompaña la recuperación de los pequeños pacientes desde el área de Hospitalización de Neurocirugía.
“En hospitalización no solo tratas la parte médica, sino que creas un vínculo con el niño y su familia”, explica.

Cada alta representa para ella una alegría especial. Es la confirmación de que cada esfuerzo valió la pena. Una sonrisa, un “gracias”, un dibujo o una fotografía antes de que el niño vuelva a casa son recuerdos que, asegura, “te llenan el alma”. “Sigamos trabajando con la misma entrega, paciencia y corazón por la salud de nuestros niños”, afirma.

Estas historias reflejan la esencia de la Enfermería en el INSN San Borja, cuya profesión no solo cuida cuerpos, sino que acompaña emociones, sostiene familias y devuelve esperanza en los momentos más difíciles.


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